La nueva añada de RosaMara llega de puntillas. No busca el bombo mediático, prefiere la gracia de las cosas auténticas. Así nació en 2025 el rosado emblemático de Costaripa: un vino que no corre tras las tendencias, sino que continúa contando la historia de un Valtènesi sutil, luminoso y profundamente mediterráneo. Un rosado que preserva la cultura del tiempo lento, de la vendimia «shibui», esencial y nunca banal. Y que, una vez más, confirme la visión de la bodega: una finura absoluta, una inmediatez para beber y una sorprendente capacidad de evolucionar con el tiempo.
Una añada que habla de equilibrio y escucha
El año 2025 es fruto de una temporada regular y luminosa. La primavera favoreció un desarrollo vegetativo armonioso, mientras que el verano cálido adelantó ligeramente la vendimia. Las uvas llegaron a la bodega en excelentes condiciones, con una reducción del 33% de las variedades rojas que condujo a una mayor concentración y un equilibrio natural.
El corazón de RosaMara proviene de viñas de más de 25 años, cultivadas sobre suelos grava morainicos con presencia de arcilla. Un terroir capaz de aportar tensión y una impronta salina marcada. El ensamblaje se mantiene fiel a la tradición: Groppello Gentile (50%), Marzemino (30%), Sangiovese (10%) y Barbera (10%).
« Vinificación en forma de lágrima »: la firma de Costaripa
Las vendimias, como siempre, son manuales y tienen lugar a las primeras luces de la mañana. En la bodega, la técnica distintiva es la «vinificación en lágrimas», que utiliza exclusivamente mosto de gota, la parte más pura de la uva. Es un gesto delicado que define el estilo de la casa.
El 50% del vino fermenta y envejece durante unos seis meses en pequeñas barricas de roble blanco de 228 litros. Una etapa que añade complejidad sin recargarlo, manteniendo intacta la frescura que ha caracterizado a RosaMara desde siempre.

En la copa: un rosado que huele a Garda
RosaMara 2025 tiene un color rosa perla muy claro. Melocotón de viña, frutos rojos, granada y delicadas notas florales se perfilan en nariz. El final es fresco, casi marino. En boca, es seco, vibrante, sabroso, con una textura sedosa y una larga persistencia de cítricos.
Versátil e inmediato, acompaña naturalmente al aperitivo y se expresa mejor con el pescado crudo, la seriola, el pargo, las vieiras a la plancha, los mejillones sazonados con pimienta y las ensaladas mediterráneas.

