A Vinitaly 2026 l’Emilia‑Romagna presenta un vigneto più sostenibile, consumi in cambiamento e una filiera che punta su qualità.

La Emilia-Romagna del vino entre la calidad y la durabilidad

El viñedo de Emilia-Romagna llega a Vinitaly 2026 con una identidad cada vez más definida: menos cantidad, más calidad, una sostenibilidad creciente y un sector que se reordena para hacer frente a mercados complejos. Con 52 564 hectáreas de viñedos, la región sigue entre las cinco primeras de Italia, liderada por el Trebbiano Romagnolo que domina el 29 % de las superficies.

Junto a las cifras de producción – casi 8 millones de quintales de uvas entregados en 2025 – emergen tendencias que rediseñan el futuro: un fuerte crecimiento de lo orgánico, inversiones dirigidas, un consumo que premia los blancos ligeros y una atención cada vez mayor a los viñedos heroicos e históricos. Una imagen que cuenta una cadena de suministro en movimiento, capaz de innovar sin perder el vínculo con el territorio.

Una viticultura cada vez más verde

La sostenibilidad se convierte en un eje estratégico para el viñedo de Emilia-Romagna. A pesar de una caída global de las superficies durante los tres últimos años, los viñedos biológicos han aumentado un 24,6 % respecto a 2018, alcanzando 5 800 hectáreas y superando el 11 % del total regional. Las provincias más dinámicas son Forlì-Cesena, Piacenza, Módena, Reggio Emilia y Bolonia.

Al mismo tiempo, la Producción Integrada también aumenta, pasando de 6 194 hectáreas en 2024 a 7 836 en 2025, con un salto del 27 % en solo un año. Forlì y Rimini están a la cabeza de esta expansión, señal de una cadena de suministro que invierte en prácticas agronómicas más respetuosas con el medio ambiente.

En cuanto al consumo, 2025 confirma la preferencia por los blancos frescos frente a los tintos estructurados. Una tendencia que también guía la replantación: el 40 % de los nuevos viñedos son Trebbiano Romagnolo, cada vez más utilizado como base para vino espumoso.

À Vinitaly 2026, l'Émilie-Romagne présente un vignoble plus durable, une consommation en évolution et une chaîne d'approvisionnement axée sur la qualité.

Exportaciones, inversiones y reestructuración de la cadena de suministro

En un contexto internacional marcado por la desaceleración, Emilia-Romagna cierra 2025 con 433 millones de euros en exportaciones de vino. Esta cifra registra una caída del 7,27 % respecto a 2024, pero se mantiene conforme a la tendencia nacional y confirma la capacidad de la región para controlar los mercados extranjeros.

El 2026 va acompañado de un plan de apoyo regional que supera los 26 millones de euros. Los recursos se distribuyen entre replantación, inversiones en bodegas, promoción en países terceros e intervenciones para la sostenibilidad de los viñedos. Un compromiso que busca reforzar la competitividad y la calidad.

Mientras tanto, el sector de la producción continúa reorganizándose. Las empresas vitivinícolas caen a un poco más de 14 000, es decir, una caída de más de mil empresas respecto a 2025. Menos empresas, pero en promedio más estructuradas y orientadas a la inversión. Los datos sobre el género también son interesantes: el 21 % de las empresas individuales están dirigidas por mujeres, un porcentaje que se eleva al 30 % en las empresas.

Viñedos heroicos e históricos: un patrimonio que cuenta el futuro

Además de las grandes cifras, Emilia-Romagna conserva un patrimonio valioso: los viñedos heroicos e históricos. Hay 24 registrados en la provincia de Piacenza, mientras que los viñedos históricos, de apenas 0,15 hectáreas, se encuentran entre Parma y Bolonia. A ello se añade el heroico viñedo de Modigliana, símbolo de la viticultura de los Apeninos que convirtió la marginalidad en valor.

La viña se convierte aquí en una guarnición agrícola, una respuesta al despoblamiento y un motor de desarrollo. La altitud, el bosque, las margas y la arenisca definen vinos de gran identidad, capaces de describir un territorio frágil pero rico en historia. Incluso después de las inundaciones que afectaron a la Romagna, Modigliana confirma el papel de la viticultura de ladera como defensa del paisaje y de la biodiversidad.

La valoración de estos viñedos, aunque numéricamente limitados, reviste un significado simbólico fuerte: representan la continuidad entre pasado y futuro y muestran cuán interconectada está la calidad del vino con la calidad del territorio y la vida de las comunidades rurales.

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