No es solo un restyling. Con Casa Mongrana Querciabella elige contar su alma de la Maremma de una manera más directa, ligera y contemporánea, sin renunciar a la coherencia agronómica y territorial que siempre ha definido el proyecto. El lanzamiento del nuevo Rosato 2025, distribuido en Italia por Sagna SpA, marca el inicio de esta fase en la que la estética, el vino y el territorio evolucionan en la misma dirección. Y la Maremma se vuelve Pop en la copa y en la botella.
Casa Mongrana: una identidad nacida entre la literatura y el paisaje
El nombre Mongrana encuentra sus raíces en la imaginería de Orlando Furioso, de donde nace la idea de una tierra abierta, cruzada, casi épica. No es una referencia decorativa: es la forma elegida para describir una Maremma que Querciabella interpreta como un espacio de libertad y de experimentación.
Este enfoque se refleja también en el símbolo elegido para el nuevo recorrido, el Hipogrifo, que recuerda explícitamente el tema de la exploración y del movimiento, en línea con un proyecto que quiere alejarse de un relato estático del vino.
Banditella: el punto de partida
El corazón de la producción sigue siendo Banditelle en Alberese, donde Querciabella cultiva más de 40 hectáreas a lo largo de la costa toscana, con otras superficies en Vallemaggiore.
Aquí los viñedos, plantados en 2000 y orientados norte-sur, se extienden entre 20 y 50 metros de altitud, sobre suelos típicos de la Maremma compuestos de limos y arenas, ácidos y ricos en minerales.
Desde más de veinticinco años, la empresa ha adoptado prácticas de agricultura biológica, manteniendo una línea agronómica rigurosa que sigue siendo también la piedra angular del nuevo posicionamiento de la marca.

La añada 2025: equilibrio y precisión
Las condiciones climáticas de 2025 han desempeñado un papel determinante. El equilibrio entre las lluvias de primavera y el inicio del verano, seguido de días cálidos y ventosos, permitió una maduración regular de las uvas.
Los vinos resultantes presentan una acidez viva, perfiles aromáticos claros y una buena madurez fenólica, sin acumulación excesiva de azúcar. Una combinación que define el estilo de la añada y que se encuentra tanto en el Blanco como en el nuevo Rosado.
El nuevo Mongrana Rosé 2025 representa el punto más evidente de este cambio de lenguaje.
Es un vino construido a base de Merlot y Sangiovese, con un contenido alcohólico contenido y un estilo diseñado para una bebibilidad inmediata, sin pasos innecesarios.
La vinificación en acero, con una breve maceración de aproximadamente 48 horas en las pieles, permite conservar frescura y precisión, con un perfil ágil y dinámico.
El resultado es un vino jugado sobre la tensión y la onctuosidad, pensado para un contexto concreto: consumo diario, aperitivo, convivencia.
Mongrana Blanco: el Vermentino de la costa
A un lado del Rosado, el Mongrana Blanco 2025 continúa interpretando el lado más directo de la Maremma costera a través del Vermentino puro.
Procedente de las mismas viñas, vinificado en acero y hormigón, mantiene un enfoque lineal, basado en la frescura y la componente mineral ligada al suelo y a la proximidad del mar.
Aquí también, la idea es clara: evitar las sobreestructuras y dejar emerger la identidad territorial sin mediación.


Un cambio de ritmo también en el packaging
El cambio también proviene del packaging. Las nuevas etiquetas introducen colores pastel y una imaginería más ligera, que rompen con los códigos más tradicionales y acercan el vino a un contexto diario y contemporáneo.
La imagen del Hipogrifo se convierte así en un signo reconocible, capaz de unir sin forzar la estética y el contenido. La Maremma que se desprende de estos vinos es menos construida y más directa, concreta: no necesita ser explicada, sino simplemente bebida.

